diumenge, 11 de setembre del 2022

¿Cómo reconocer a una persona con buena vibra?

 


Se les acercan los animales y también los niños. Aparentan ser más jóvenes de edad y sonríen mucho. Envejecen lento. Siempre muestran su niño interno. Tienen muy pocos amigos de verdad y son muy sensibles y empáticos.

Más: Vibra alto, Así como vibras, atraes, Vibra alto,  Haz tu cielo,

© Texto encontrado en la red

dijous, 8 de setembre del 2022

EL Maravilloso poder de las palabras (LETICIA, PIOJOS Y CUENTOS) por Víctor Manuel Cruz Castañón


El maravilloso poder de las palabras.

Leticia fue mi alumna en la escuela 'Justo Sierra", en plena Sierra. Tenía 11 años de edad. Once años conociendo las carencias y la mugre de la vida. Siempre con la misma ropa, heredada por una tradicional necesidad familiar. Once años batallando con los bichos de día y de noche. Con una nariz que como vela escurría todo el tiempo.

Con el pelo largo y descolorido sirviendo de tobogán a los piojos. Aun así, era de las primeras en llegar a la escuela. Tal vez iba por los momentos necesarios para soñar que era lo que no; aunque enfrentara el rechazo y el asco de los demás.

A la hora del trabajo en equipo nadie la quería. No dieron la oportunidad para demostrar qué tan inteligente era: el repudio fue lo que Leticia conoció. Me desconcertaba el hecho de ver que algunos varones con características semejantes a las de Leticia eran aceptados por el resto de las niñas y los niños, pero no ocurría lo mismo con Leticia y las niñas. A mí sólo se me ocurría hacer recomendaciones que nunca fueron atendidas.

En ese tiempo me preguntaba:

¿de qué sirve leer cuentos a esos niños que no han comido?;

¿serviría de algo alimentarlos con fantasías?

Yo creía que sí, pero no sabía hasta dónde. Constantemente les brindaba relatos, sobre todo en la mágica hora de lecturas, dos veces por semana.

Un día conté "La Cenicienta" y cuando llegué a la parte en que el hada madrina transformó a la jovencita andrajosa en una bella señorita de vestido vaporoso y zapatillas de cristal, Leticia aplaudió frenéticamente el milagro realizado.

Había una súplica en su rostro que provocó la burla de los que no tenían la misma capacidad ni la misma necesidad de soñar. Esta vez hubo recomendaciones y regaños.

En otra ocasión, pregunté a mis alumnas y alumnos: ¿qué quieren ser cuando sean grandes?

Y el cofre de sus deseos se abrió ante mí: alguien quería ser astronauta, aunque al pueblo ni el autobús llegaba; otros querían ser maestros, artistas o soldados.

Cuando le tocó el turno a Leticia, se levantó y con voz firme dijo:

—¡Yo quiero ser doctora! —y una carcajada insolente se escuchó en el salón.

Apenada, se deslizó en su banca invocando al hada madrina que no llegó. Mi labor en esa escuela terminó junto con el año escolar. La vida siguió su curso. Después de quince años, regresé por esos rumbos, ya con mi nombramiento de base. Hasta entonces encontré algunas respuestas y otras preguntas. Las buenas noticias me abordaron en autobús, antes de llegar al crucero donde trasbordan los pasajeros que van al otro poblado. Llegaron en la presencia de una señorita vestida de blanco.

—¡Usted es el maestro Víctor Manuel!..., Usted fue mi maestro! —me dijo sorprendida y sonriente.

El que podía encantar serpientes con las historias que contaba.

Halagado, contesté:

—Ése mero soy yo.

—¿No me recuerda, maestro? —preguntó, y continuó diciendo con la misma voz firme de otro tiempo—, yo soy Leticia... y soy doctora...

Mis recuerdos se atropellaban para reconstruir la imagen de aquella chiquilla que en otro tiempo nadie quería tener cerca. Se bajó en el crucero dejando, como La Cenicienta, la huella de sus zapatillas en el estribo del autobús...

Y a mi con mil preguntas.

Todavía alcanzó a decirme:

—Trabajo en Parral ... búsqueme en la clínica tal... y se fue…

Un día fui a la clínica que me dijo y no la encontré. No la conocían ni la enfermera ni el conserje. ¡Era demasiada belleza para ser verdad!

"Los cuentos son bellos, pero no dejan de ser cuentos", me lamentaba.Arrepentido de haber ido, y casi derrotado, encontré a la directora de la clínica y hablé con ella.

Lo que me dijo, revivió mi fe en la gente y en la literatura:

—La doctora Leticia trabajaba aquí —me contó—. Es muy humana y tiene mucho amor por los pacientes, sobre todo con los más necesitados.

—Ésa es la persona que yo busco —casi grité.

—Pero ya no está con nosotros —dijo la directora.

—¿Se murió? —pregunté ansioso.

—No. La doctora Leticia solicitó una beca para especializarse y la ganó. Ahora está en Italia.

Leticia sigue aprendiendo más y enseñando sus secretos para luchar. Yo sigo queriendo saber hasta dónde llega el poder de las palabras; ¿cuál es el sortilegio para encantar a las serpientes que jalan a los descobijados?; como profesor, ¿qué puedo hacer para equilibrar la balanza de la justicia social ante casos parecidos?; ¿cuándo empezó el despegue de los sueños de Leticia en cuanto al resto de sus compañeras y compañeros?; ¿dónde radica la fortaleza de las mujeres que superan cualquier expectativa?

Ya no quiero ser el maestro de Leticia: Ahora quiero aprender.

Quiero que me enseñe cómo evoluciona una oruga hasta convertirse en ángel y, sobre todo, quiero descubrir cuál fue la varita mágica que la convirtió en la Princesa del Cuento.

Cuento adaptado por el maestro, Víctor Manuel Cruz Castañón.

 

Texto revisado por Manel Aljama Escriptor, Editor, Proveïdor de Continguts Digitals i Formador de Tecnologies

Link del vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=oguzVIcsMEw

dimarts, 6 de setembre del 2022

Reflexión La Serpiente y la Sierra


Después de varias semanas sin grabar, les comparto una linda reflexión sobre la ira (y la venganza), que tengan una buena semana, no se olviden de compartir.

Más: Frases de mujeres sabias, Si t'atropella un ciclista, Mahatma Gandhi y el maestro,

y en especial: "Si escoges el camino de la venganza, prepara dos tumbas" de Confucio en 32 Frases de Confucio

Video de 2020 de 1.30 minutos de duración

Link: https://www.youtube.com/watch?v=6boUeENnqSQ

dimarts, 30 d’agost del 2022

Pase lo que pase, nos vemos en casa

 


 

Mucha gente piensa que vivir en pareja es siempre color de rosa..., pero esta es la verdadera realidad. Vivir con la persona que amas no es lo que todos piensan que es.
No te levantas temprano por la mañana para desayunar juntos en la cama. No es acurrucarse en la cama juntos hasta que nos dormimos tranquilamente cada noche. No es tener siempre la casa limpia y la comida perfecta recién hecha todos los días.

Vivir con la persona que amas es discutir por cosas simples, como quién olvidó sacar la basura..., es dormirse porque el día ha sido duro y estás agotado..., es discutir por temas financieros, es alguien que te quita las sábanas cuando duermes y te despiertas por el frío..., discutir y saltar por nada, solo por cansancio, etc.

Pero a pesar de todo, todos los días esperas ver a esa persona con muchas ganas o te vas a casa todos los días para encontrarte con esa misma persona que sabes que te ama y se preocupa por ti. Te ríes en el momento en que accidentalmente hizo algo gracioso, es imitarse el uno al otro, es preparar la cena juntos mientras hablamos y hacer que sea más fácil de llevar porque ambos tuvimos un día complicado.

Es vivir una crisis emocional y tener a alguien que con amor se sienta a tu lado y te abraza y te dice que todo estará bien, que todo irá bien... y tú lo crees.

Es amar a esa misma persona incluso cuando te vuelve jodidamente loco y te saca de tus casillas. Vivir con la persona que amas es discutir por nimiedades, tontas y constantes..., pero también es tener un amor que muchas personas pasan la vida buscando. O que muchas veces intentaron arrebatarte, pero ese amor fue mas fuerte... No es perfecto y es muy difícil mantenerlo equilibrado todos los días, pero es maravilloso y lo mejor que puedes experimentar, porque si fuera fácil, que pena si fuera fácil, porque entonces, no valdría la pena. Con altos y bajos pero sigamos juntos.

© del texto TodosPositivos en Facebook

© Photo by Jonathan Borba on Unsplash

dijous, 25 d’agost del 2022

La bicicleta de Tolstoi

 


Tolstoi tenía sesenta y siete años cuando aprendió a andar en bicicleta, hoy en dia hay un concepto llamado: la bicicleta de Tolstoi.

Significa que no es tarde para nada. Lo que sea que esté pensando en hacer, lo que no hayas hecho, lo que sea que hayas llegado tarde, nunca es tarde para nada.

 

Nunca es tarde, Importancia de la edad, Si hagués tingut la maduresa (experiencia, Madurez), Allò que aprens a baix de tot, Cada uno a su tiempo, 4 lecciones de vida que las personas entienden muy tarde, El tiempo no es oro,

La etiqueta Tiempo, Madurez,

© Autor infografía: Ingrid Arzate Mejías, encontrado en Internet.